


| Los barcos de Miranda en el 1775 |
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Autor: MIGUEL CARCAMO Descarga: Los barcos de Miranda en el 1775 (11.28 kB)
LOS BARCOS DE MIRANDA EN EL AÑO 1.775 Miguel Cárcamo En más de una ocasión se ha hecho ya relación de la tremenda riada e inundación que tuvo lugar en nuestra comarca entre los días 19 y 21 de junio de 1.7751. Una de las consecuencias más graves, como es de sobra conocido, fue la ruina del viejo puente de Miranda, ciertamente muy diferente del denominado actualmente como "Puente de Carlos III": "(...) y tener a la parte del Ebro, y sus orillas, unos peñascos profundos para cimientos, proporcionaron se fundase en dicha punta un famoso puente compuesto de siete ojos muy elevados, y la correspondiente anchura, con sus manguardias que le sostenían y a esta población, de cuya fábrica no hay memoria, tan sólido que aunque sobre aquel estaban una cárcel muy suntuosa a la manera de fuerte con armas imperiales y carnicería..."1. Hasta el año 1.777, y mientras no se concluyó, aunque no enteramente, el nuevo puente de Miranda, las dos mitades de la Villa no tuvieron más remedio que comunicarse con un servicio de barqueros. Es precisamente esta última cuestión la que ahora vamos a abordar, buscando, con la documentación que nos ha quedado, algunos nuevos datos sobre la misma. Hacia finales de aquel nefasto mes de junio de 1.775, es decir a muy pocos días de la tremenda inundación, el ayuntamiento mirandés instaló ya un rudimentario servicio de barqueros. ¿En qué consistía éste? al parecer tan 1 Ojeda San Miguel, Ramón, Riadas y puentes sobre el río Ebro, López de Gámiz nº. XXII, abril de 1.991. 1 A. H. M., leg. 175, doc. 19, "Puente y manguardias", año 1.775. 1 sólo en una barcaza fabricada a base de grandes troncos, y guiada por tres barqueros con un enorme esfuerzo. La descripción que hizo un oficial de Correos no deja lugar a dudas: "ahora debo decir que ni es barca ni barco ni figura, sólo han formado un promontorio de madera que lo vi el primer día que lo echaron al agua con dos maromas, cada una a su punta y entre seis hombres al un lado y otros seis al otro, y dentro tres barqueros con sus latas, les costaba tanto trabajo el pasarla, que daba miedo en verla, y algunos que al día siguiente pasaron por comestibles se vieron en bastante peligro. Después aquí, hoy pasan algunas caballerías y ganados, y le han hecho pasar al correo de La Rioja, pero dice que con mucho trabajo y peligro, y si esto sucede de día, contemple V. Mrd. qué será de noche, que es cuando pasan las malas"2. Ante la peligrosidad del procedimiento y por las dificultades del mismo, pronto el ayuntamiento mirandés pensó en la posibilidad de fabricar un barco en toda la extensión de la palabra: "Para prueba de lo referido, viendo lo trabajoso y peligroso de dicha barca, después de echada al agua enviaron propio a Bilbao para un buen maestro, para construir otra de la posible seguridad, el cual sí que ha llegado a Miranda, y se ha compuesto con la Villa"3. Hacia el día 10 de julio llegó a Miranda el maestro "componedor de embarcaciones" Nicolás de Arruas desde la villa de Bilbao, permaneciendo aquí durante 38 días para dirigir las obras de construcción de un barco pequeño y una barca transbordadora de considerable tamaño. Afortunadamente se han conservado las cuentas de estas obras, y así sabemos que Arruas cobró por su labor un total de 1.140 reales, costando el barco pequeño 1.150 reales y la barca 11.0004. Pero las obras y gastos no quedaron solamente en eso; además se realizaron los siguientes gastos: 1.560 reales por los 180 oficiales y 20 peones que se dedicaron a cortar madera de Ibidem, leg. 175, doc. 4, "Cartas y otros papeles Ayuntamiento de la inundación del año 1.775", 2 de julio 1.775. 3 Ibidem. 4 Ibidem, leg. 175, doc. 23, "Razón de la justificación diligencias que se remitieron al Intendente y cuentas gastos", año 1.775. 2 2 de de y de los barcos en los montes Obarenes y de Santa Gadea; 465 reales en las 31 yugadas utilizadas en su transporte hasta Miranda; 654 en las maderas, viguetas, cuarterones y tablas de pino; 1.518 se pagaron a los 253 peones que prepararon los ribazos del Ebro para recibir a las embarcaciones; 896,5 en las maromas que se trajeron de Bilbao; 1.890 reales se pagaron a los 310 oficiales que apresuradamente trabajaron a los órdenes del maestro de Bilbao en la fabricación de los barcos y también en calafatearlos: 937,5 en el clavazón, cadenas, argollas y en los hierros utilizados; en la pez, sebo, aceite de ballena y cáñamos que se utilizaron para calafatear otros 430 reales; 56 en sogas; 110 en los timones del barco; 575 en los árboles utilizados para construir los tornos de arrastre de la barcaza; y, por último, se gastaron 775 reales en 155 oficiales que trabajaron echando cascajos y piedras en las entradas de los barcos a orillas del río6. Por lo que dejan traslucir los documentos, a finales del mes de agosto de aquel año de 1.775 la gran barcaza ya estaba construida y en funcionamiento. Como vemos, se trató de una gran obra realizada muy rápidamente, casi apresuradamente. Obra que, si tenemos en cuenta que en aquellos momentos Miranda tenía del orden de los 300 vecinos, supuso el trabajo afanoso durante algo más de un mes de prácticamente toda la población. Sin duda se trata de una cuestión lógica, si tenemos también en cuenta que una vez destruido el puente, resultaba vital este servicio de barcazas para comunicar con cierta regularidad las dos mitades de Miranda. Como ya hemos comentado, hasta finales del año 1.777 no se empezó a utilizar el nuevo puente, lo que quiere decir que durante prácticamente dos años el paso de la barcaza de un lado al otro del Ebro se constituyó en una imagen habitual para los mirandeses. Si hacemos caso de algunos gravados, y de la lógica también, este servicio de barcos se instaló aproximadamente a la altura de la actual calle "Ciudad de Toledo", para así evitar el problema de las construcciones propiamente urbanas de las estribaciones del río. La repetida utilización de los barcos, y esto es una de las últimas cuestiones que vamos a comentar, produjo un continuado gasto en los mismos, tal como por ejemplo se desprende del testimonio de un herrero de la Villa: "Confieso yo 6 Ibidem. 3 Manuel de Bastida, maestro herrero en esta Villa, haber recibido de don Antonio de Thobalina, Procurador Síndico General de esta Villa, Setecientos once reales de vellón, importe los Setecientos y tres por la cadena que he hecho para sujetar el barco al torno en tiempo de avenidas y cerrarle con candado por las noches, y los ochenta y ocho restantes por los hierros para el barco y sostener a los carros no caigan al Ebro por detrás y que perezcan"5. Más curioso resulta todavía el testimonio de un carpintero: "Confieso yo Manuel de Velandia, vecino de esta Villa y maestro de carpintería en ella haber recibido (...) doscientos ochenta y cinco reales de vellón, importe de las tablas y oficiales que en diferentes ocasiones ha gastado en el barco y su suelo después de construido y acabado enteramente. Respecto de que el mucho tránsito de carros rompen las tablas, y prevengo se me están debiendo actualmente más de doscientos reales de reparos de dicho barco. Y así mismo he recibido por la obra de la casta que se ha hecho para los barqueros con ánimo de que estén en ella de día y de noche, para que pasen los carros y demás viandantes a todas horas, mil quinientos treinta y cinco reales y diez y siete mrs. en los cuales se encuentra incluso los materiales y demás de dicha caseta, pues aunque se reguló en mil cien reales, después he tenido por conveniente hacerla mayor para cogimiento de algún pasajero en tiempo de invierno"6. 5 6 Ibidem, leg. 175, doc. 22, "Copias y recibos". Ibidem. 4
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