


| Apuntes sobre las Salinas de Herrera |
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Autor: RAMON OJEDA SAN MIGUEL Descarga: Apuntes sobre las Salinas de Herrera (26.69 kB)
APUNTES SOBRE LAS SALINAS DE HERRERA Ramón Ojeda San Miguel "Nosotros, los españoles, tan tradicionalistas, no hemos conservado, no hemos tenido en cuenta las cosas poco rentables. Hemos conservado dinero, pero en realidad otras muchas cosas, no; somos conservadores pero de una forma especial. No tenemos galeones, no tenemos carabelas, no tenemos una ferrería bien organizada, no tenemos un Museo de la técnica. Tenemos, sí, algunos archivos con papeles, pero como también somos el pueblo que ha escrito más y ha leído menos, resulta que los papeles están ahí, y tampoco los leemos" (Julio Caro Baroja)*. En la historia de la Humanidad, y hasta tiempos muy recientes, la sal ha constituido un elemento de primera utilización e importancia sobre todo en la siempre trascendental conservación de alimentos. En la Península Ibérica el papel jugado por la sal durante la Edad Media y siglos del denominado Antiguo Régimen bien pueden quedar resumido en las siguientes palabras de Modesto Ulloa: "La importancia de la sal en el siglo XVI se derivaba no solamente de su uso como condimento sino también de ser el principal medio de conservación de alimentos como el pescado y la carne, y de materias primas como el cuero. El pescado tenía en la dieta en lugar que luego ha perdido en la mayor parte de Europa: había 150 días del año en los cuales los preceptos religiosos prohibían comer carne; es cierto que la reforma Protestante modificó algo esa situación en algunos países, pero sus efectos en ese campo fueron relativamente efímeros y poco notables. No era sólo la gran importancia relativa del pescado en la dieta, sino también el hecho de que como en España las zonas productoras de pescado estaban bastante alejadas de algunos de las mayores consumidoras de pescado, gran parte de este se consumía salado, sin duda en mayor proporción que era el caso para la carne, mucha de la cual se consumía fresca"1. Con diferentes métodos, principios y sistemas, se producía sal prácticamente por todas las regiones, aunque lógicamente con fuertes diferencias de producción: "En general y concretándonos al reino de Castilla, puede decirse que eran Álava, la parte oriental de Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y Andalucía, las que podían producir grandes cantidades de sal económicamente, mientras que las regiones con costas en el Cantábrico, León, la parte occidental de Castilla la Vieja y Extremadura, producían *I II Semana Internacional de Antropología Vasca, vol. IV, Bilbao 1.976. 1U lloa, Modesto, La Hacienda Real de Castilla en el Reinado de Felipe II, Madrid 1.986, p. 376. 1 poco y a mayor costo"2. Por nuestro entorno geográfico fueron también corrientes desde la Edad Media las salinas en sectores diapíricos3: Salinas de Léniz, Salinas de Rosío, Poza de la sal, Salinas de Añana, Salinillas de Buradón y, las que ahora a nosotros nos interesa por estar dentro de nuestro marco geográfico, las Salinas de Herrera. Está claro que la sal, como ya hemos adelantado, se utilizaba además de para salar pescados y carne, como condimento alimenticio, fabricación de curtidos, alimento para algunos ganados y hasta para preparados médicos. Por todo ello, es evidente que la sal fue un elemento de máxima importancia desde la Edad Media en el mundo comercial; y no es extraño que su producción y comercialización despertara el interés, y hasta la codicia, de nobles, reyes y monasterios. Si hemos de hacer caso de algunos estudiosos de temas medievales de nuestra comarca, desde finales del siglo XIII existen ya referencias documentales sobre la existencia de salinas en el término de Herrera4. En un principio las salinas fueron propiedad del contiguo monasterio de Santa María de Herrera; pero desde el año 1.338, como otras muchas salinas del reino de Castilla, pasaron a ser explotadas por el Monarca5. Este hecho no tiene nada de especial dada la tendencia clarísima hacia el estanco de la sal, pues "el monopolio o estanco real de la sal tenía lejanos antecedentes. Pero no obstante lo dicho, dada la disgregación del poder durante la Edad Media y aún después de terminada esa edad, eran pocas las salinas que estaban en poder de la Corona"6. Estas salinas, por desgracia tan poco valoradas y hasta a veces desconocidas por muchos moradores de nuestra ciudad, se emplazaban, tal y como tan buen estilo literario en su día señalaba Manuel de Valdivielso, en pleno corazón de los montes de Miranda, en la neurálgica confluencia de los territorios de Burgos, Álava y La Rioja7. Por lo que sabemos, y ciertamente en los archivos municipales han quedado pocas referencias, durante el siglo XVII seguía bajo la explotación del Monarca. Sabemos también que en el año 1.688 los recaudadores de las Salinas informaban que las de Herrera necesitaban ya un arreglo general: "(...) en primer lugar se reconoció un poço que está consecutivo a la cassa y según su estado, habiéndose mirado por todas partes pareció ser más necessario el que se aya de nivelar en lo más alto que oi tiene bien asentado por ser mui necessario para la conservación de la agua muera que en el se aya para su fábrica (...), que se fabrique de nuevo desde sus cimientos..."8. Además se señalaba entonces que también era necesario reconstruir enteramente otro pozo, así como construir una casa y almacén nuevos. bídem, pp. 376 - 377. rtega Valcarcel, José, La Transformación de un espacio rural. Las Montañas de Burgos, Valladolid 1.974. 4C adiñanos Bardeci, Inocencio, Monasterios medievales mirandeses. Herrera y San Miguel del Monte, Miranda de Ebro 1.986, p. 9. 5I bídem, p. 28. 6U lloa, Modesto, ob. cit., p. 377. 7V aldivielso, Manuel, "Herrera histórico y espiritual", revista Miranda Industrial, año 1.963. 8A rchivo Histórico Municipal de Miranda de Ebro, Leg. 769, doc. 10, "Despacho para el reconocimiento de las casas, granjas y eras que ai en las villas de Añana, Buradón y Herrera, a pedimento de don Francisco Esteban Rodriguez, recaudador de las salinas de los portidos de Castilla y Zamora", año 1.688. 3O 2I 2 A mediados del siglo XVIII las salinas bien es cierto que no muy boyantes y con un total de tan sólo 10 eras, seguían en funcionamiento, tal y como señala el famoso documento del Catastro de Ensenada: "(...) cerca del Monasterio de Na. Señora de Herrera diez heras de fábricas de sal con su pozo que administra el Rey N. Señor por medio de sus administradores..."9. Siguiendo con este pequeño recorrido cronológico, las Salinas de Herrera otra vez a comienzos del siglo XIX sufrieron una pequeña ampliación y modernización. En aquel tiempo las instalaciones salineras contaban con un administrador del Rey, un fabricante, dos guardas y un fiel10. Sin duda, para la primera mitad del siglo XIX, la mejor descripción con que contamos es la hecha por el diccionario de don Pascual Madoz al referirse a la villa de Haro: "Al lado o. se hallan limítrofes las salinas de Herrera, establecimiento (...) que se perfeccionó y reformó en 1.803. Cuenta con un mineral seguro y próximo, blanco y cargado: sus almacenes son pobres y mal construidos y las chozas para los obreros son aduares. Un establecimiento de esta naturaleza, que surte de sal a la prov. de Logroño, parte de la de Burgos y aun de Soria, y que produce de 7 a 8 mil fanegas anuales, habiendo sacado hasta 12.000 el año 42, la contrata del Sr. Salamanca está en un completo abandono, sus empleados constan de un administrador con 4.000 rs., un interventor con 3.000, guarda almacén, pesador y demás gente necesaria para su custodia"11. Todavía a finales del siglo XIX, como siempre sin gran relumbre, las salinas seguían en funcionamiento: "Barrio de herrera. Con 7 vecinos, dedicados a las faenas de la sal, cuyo dueño reside en Madrid"12. Al igual que en el caso de otras salinas, las de Herrera fueron de propiedad real; pero a diferencia de otras, cuya explotación, tras el pago del correspondiente canon, era particular, aquí hasta los años treinta del siglo XIX fueron directamente explotadas por la Corona. Después, es decir tras la Revolución liberal-burguesa, la concesión y explotación salineras pasaron a manos particulares, situación que prácticamente se ha mantenido hasta nuestros días. Por otra parte, desde muy pronto, las Salinas de Herrera dependieron de las oficinas centrales de Poza: "Desde el siglo XVI, en que Felipe II estancó la sal, su venta estuvo controlada por la Hacienda pública hasta 1.868, en que de nuevo pasó a manos particulares. Existía por ello en Poza una oficina de Administración de Salinas, cuyo edificio fue construido por el Estado en el siglo XVII y que en los últimos tiempos ha tenido otras utilidades, albergando actualmente el Museo. Desde esta oficina de Administración ejercía su labor, como máximo representante de la Hacienda del Estado, el Administrador Jefe de Fábricas, que tenía bajo su responsabilidad no sólo estas salinas, sino también las de Añana, las de Rosío, las de Herrera y las de Buradón, y también todo el proceso de venta de la sal hasta el momento en que el transportista se ponía en camino hacia el lugar de destino"13. 9A rchivo Diputación Provincial de Burgos, Catastro de Ensenada, Miranda de Ebro, nº 11 - 1086, pp. 18 - 20, respuesta a la pr. 17. 10C adiñanos Bardeci, Inocencio, ob. cit., pp. 28 - 29. 11M adoz, Pascual,Diccionario Geográfico-EstadísticoHistórico de España y sus posesiones de Ultramar. Rioja, reimpresión, Logroño 1.985, p. 105. 12S áez, Teodoro, Reseña histórica de Miranda de Ebro, Vitoria 1.892, p. 70. 13S áiz Alonso, Eduardo, Las Salinas de Poza de la Sal, Burgos 1.989, p. 98. 3 Volviendo otra vez al pequeño recorrido cronológico que estábamos realizando, todavía durante las primeras décadas del actual siglo XX las Salinas de Herrera seguían trabajando y produciendo una apreciable, para su tamaño, cantidad de sal, entorno a los 3.500 quintales al año14. Aunque carecemos de datos cuantitativos, parece que las salinas de Herrera conocieron su época más dorada en la década siguiente a la finalización de nuestra última guerra Civil. Es la época en que, posiblemente por la política autárquica mantenida en el terreno económico por el Régimen del General Franco y por la coyuntura económica del momento, la producción de sal, además de ser más necesaria que nunca, se convirtió en un negocio lucrativo. Por ello llegaron, tal como las actuales ruinas dejan todavía ver, a funcionar entorno a 500 pequeñas eras, perfeccionándose a la vez, dentro de las posibilidades del momento, las instalaciones e instrumental técnico. Esta situación que se mantuvo aproximadamente hasta los años 60/70, en que la producción salinera fue decayendo, dedicándose sus titulares a la venta de "muera" en bruto, por medio de un camión cisterna, a algunas industrias con tratamientos químicos de Miranda de Ebro, dada su apreciable riqueza en graduación salina. Hoy en día por diferentes razones, pero fundamentalmente por la imposibilidad de competir con los precios de las grandes y modernas industrias de la sal, estas viejas salinas de Herrera prácticamente han acabado por ser abandonadas. Con ello, por desgracia para la cultura en general de nuestra tierra, y particularmente para la historia de la tecnología tradicional y patrimonio arqueológico industrial se está produciendo una pérdida irreparable. Ciertamente, aunque también las necesidades son aquí numerosas, en nuestro entorno cultural suele existir cierta sensibilidad hacia el valor de algunas obras, civiles o religiosas, de cierta categoría artística; en cambio cuando vemos un molino abandonado y medio derruido, o una ferrería en similares circunstancias, o simplemente, como en nuestro caso, unas salinas a punto de desaparecer con todas sus instalaciones, parece que la pérdida apenas si tiene importancia. Esta es una situación difícil de remediar, pero esperemos que con el paso de los años, y Dios quiera que ya no sea demasiado tarde, al aumentar poco a poco nuestro nivel cultural y el grado de sensibilidad hacia todo nuestro patrimonio histórico problemas como éste se vayan solventando. METODOS DE TRABAJO Prácticamente todas las salinas del entorno de Herrera, hasta tiempos muy cercanos han trabajado con técnicas y métodos que apenas han variado desde la Edad Media. Es el caso de Salinas de Rosío, donde la salmuera se conducía desde el manantial hasta grandes pozos o "pilones"; posteriormente de los depósitos de agua se llevaba a las "pilas" y luego a las "eras", donde se elaboraba ya la sal por simple evaporación. Tradicionalmente todo el entarimado constructivo se hacía de madera, y más raramente era a veces sustituido por "cal y canto"15. En Salinas de Añana la muera surgía de forma natural de un manantial salado, y al igual que en el caso anterior se obtenía la sal prácticamente trabajando sólo en verano, por el tradicional método de evaporación16. Similar sistema se utilizó también en la pequeña explotación de Salinas de Buradón que "Prácticamente se podía considerar un espumero de Herrera. Se trataba de un pequeño pozo de muera cerrado con llave, que de 14V elez Castrillo, Rodolfo, "Aspectos económicos en Miranda de Ebro: 1.875 - 1.930", revista López de Gámiz, nº XIX, p. 153, cálculos efectuados para los años 1.911 a 1.914. 15O rtega Valcarcel, José, ob. cit., pp. 158 - 159. 16H omobono, José Ignacio, "Estancamiento y atraso de la economía alavesa en el siglo XIX", Boletín de la Institución Sancho el Sabio, año XXIV, tomo XXIV, 1.980, p. 274, ("(...) con técnicas apenas evolucionadas con respecto a siglos pasados.."). 4 vez en cuando abría un Dependiente del Resguardo de Herrera, siendo beneficiado por los vecinos"17. En la burgalesa localidad de Poza de la Sal "El procedimiento de obtención de la sal consistía en perforar verticalmente la capa arcillosa, hasta alcanzar la roca salina de un mineral, es decir, de una de las "lenguas" ascendentes del domo, que era recorrida por la mina. Introduciendo en la mina agua dulce se obtenía la muera, al disolver dicha agua la sal, y exponiendo convenientemente dicha muera al aire y al calor se precipitaba la sal, al evaporarse el agua"18. "La halita, o mineral salino, era disuelta en agua dulce que se introducía en el subsuelo, extrayéndose más tarde el agua salada. Este líquido se almacenaba en grandes piscinas desde donde se llevaba, en pequeñas porciones a los cristalizadores, y allí, expuesto al calor, sedimentaba la sal en su fondo, mientras se evaporaba el agua"19. Como podemos apreciar, los métodos de fabricación de todas estas salinas además de ser todos ellos muy parecidos, resultaban sumamente tradicionales. Prácticamente la única y a la vez gran diferencia radicaba en que la muera fuese natural, es decir, surgida directamente de un manantial, o conseguida mediante la disolución del mineral salino con agua dulce. Nuestro caso, el de las Salinas de Herrera, con ser lógicamente muy semejante a los anteriores, era muy parecido al de Poza de la Sal: "El sistema utilizado para conseguir (en Herrera) la muera consistía en llenar un pozo o mineral con agua dulce, extrayéndose luego convertida en muera"20. Por las noticias que tenemos del siglo XVIII, en Herrera sólo se trabajaba en verano, y según la descripción hecha por Jovellanos "(...) de invierno se llenan las albercas grandes para tener en abundancia el agua salsa, la cual se saca de tres pozos que vimos, muy hondos y escasos en un pellejo, por medio de rueda movida a mano (...), se labrarán al año tres mil quinientas (fanegas)"21. PRODUCCION APROXIMADA SALINAS(FANEGAS) DE SAL EN DIFERENTES Año 1752 Años 1800/10 Años 1840/50 Herrera 3.500 6.500/8.000 Salinas de Añana 30.000 50.000 Salinillas de Buradón 3.000 Salinas de Rosío 20.000 20/24.000 Poza de la Sal 130.000 175.000 -------------------------------------------Fuente: Cadiñanos Bardeci, I., Homobono, J. I., Ortega Valcarcel, J. y Sáiz Alonso, E. Tal como se puede constatar en el anterior cuadro, la producción de Herrera, al igual que la de Salinillas de Buradón, fue siempre muy pequeña, en consonancia lógica también con el tamaño de sus instalaciones. Esta pequeña producción, comparada con los volúmenes de las salinas de Poza y Añana, tenía su reflejo en el pequeño número de áiz Alonso, Eduardo, ob. cit., p. 103. bídem, p. 26. 19I bídem, p. 29. 20I bídem, p. 103. 21C adiñanos Bardeci, Inocencio, ob. cit., pp. 28 - 29. 18I 17S 5 "eras" o secaderos existentes en Herrera; valga como referencia las 10 existentes a comienzos del siglo XIX frente a las 5.000 aproximadamente contabilizadas por la misma época en Salinas de Añana22. Tan sólo parece que nuestras salinas aventajaban en tamaño a las de Buradón, donde desde el año 1.804 simplemente se permitía la producción para el consumo doméstico de la localidad23. De todas formas, hay que repetir, que como denominador común de todas estas salinas cercanas a nuestra comarca aparece el laboreo restringido a las épocas estivales. Así en los meses veraniegos adquirían una peculiar fisonomía, como en el caso también de Herrera: "Junto a la selva (...) unas salinas rústicas de blanca superficie en verano..."24. Volvamos de nuevo al sistema de obtención salino utilizado en Herrera. Por lo que hemos podido entrever, fue muy similar al de Poza de la Sal. Aquí no existían manantiales naturales de agua salada, lo que había era mineral salino de bastante buena calidad y blancura en el subsuelo. Al igual que en Poza, no se trabajaba a cielo abierto, sino que a través de la perforación de pozos en el suelo se buscaba el mineral. Por medio de esos pozos, de los que a finales del siglo XVIII se llegaron a contabilizar tres, se introducía agua dulce de forma que esta disolviese la sal mineral hasta formar una "salmuera". Producto, este último, que era sacado, para posteriormente por medio de un sistema de evaporación aprovechando los meses veraniegos, conseguir la sal. En Herrera el agua dulce, necesaria para luego ser introducida en los pozos o "cañas", se obtenía del pequeño arroyo que bajaba desde el cercano Monasterio. Pero además, para evitar los problemas de posibles sequías y falta de caudal, el agua dulce también se almacenaba durante todo el año en una serie de estanques construidos con una tosca mampostería, colocados en la parte más alta de la explanada salinera. Mediante pequeñas canalizaciones el agua se introducía en los pozos verticales para buscar el mineral salino. Una vez disuelta la sal en el agua, la muera se sacaba a través de un torno giratorio, también denominado técnicamente "malacate", movido por dos hombres con ayuda de una soga y un pellejo. De allí, el agua muera se llevaba a otros pozos o cisternas esféricas grandes que funcionaban a modo de depósitos de almacenamiento. Posteriormente, y es sin duda uno de los elementos tecnológicos más interesantes que todavía, aunque en rápida degradación subsisten, el agua fue sacada por mediación de un mecanismo más complicado de rueda hidráulica y sistema de bielas. Como decimos, aun hoy puede verse una rueda hidráulica vitrubiana de tipo gravitatorio protegida por un entarimado y una tejavana que tiene un orificio superior realizado para recibir el agua. La rueda hidráulica está colocada en una de las zonas más bajas de la explotación salinera, sin duda, para recibir con más fuerza, gracias al desnivel, el agua que llega mediante una pequeña canalización a modo de acueducto. La rueda, ejemplar nos atreveríamos a decir de una importancia de primera mano, y difícil de encontrar en toda la región hoy en día, para la historia de la tecnología comarcal y por ello merecedora de una cuidadosa conservación, está hecha de hierro y madera. Sus radios y eje son metálicos, mientras que las paletas, colocadas en la rueda a modo de cangilones, presentan una dirección oblicua al eje a fin de recibir mejor el agua. Como ya hemos adelantado, a través de un pequeño orificio realizado en el tejado, el agua cae sobre las paletas de la rueda desde la parte superior, de forma que al llenarse de líquido estos cangilones, por su peso, la rueda empieza a girar y por tanto a producir energía. Esta fuerza lógicamente tenía un fin: ser utilizada para sacar de las "cañas" la muera con más rapidez y en mayor cantidad. omobono, J. I., ob. cit., p. 274. bídem. 24V aldivielso, M., ob. cit. 23I 22H 6 El eje de la rueda transmitía su movimiento giratorio a un sistema de bielas que por medio de unas barras traspasaba a su vez la energía en forma de movimiento hasta la parte alta de un caserón, construido encima del pozo salinero, donde sobre un piso de madera descansaban los engranajes. Estas barras metálicas con movimientos de vaivén, con la ayuda de una serie de postes que iban creciendo en tamaño para ganar altura, llegaban hasta la parte más alta del caserón. Allí, el movimiento se transmitía a un bomba que aprovechando la energía hidráulica sacaba la muera del pozo. Pese a la evidente pérdida de energía que tenía lugar por la considerable longitud de las barras transportadoras de hierro, no cabe duda que este curioso sistema suponía un avance sobre el viejo sistema del torno o malacate movido manualmente. Curiosamente, también dentro del caserón que protege al principal pozo salinero y a su pie, se conserva un ejemplar de este tipo antiguo de malacates. El agua sacada del pozo era llevada hasta unas grandes cisternas cilíndricas, donde quedaba almacenada. Esta operación de almacenamiento de muera tenía lugar a lo largo de todo el año, esperando a tener la cantidad suficiente para los meses estivales. En estos depósitos, si había suerte de que a lo largo de los meses no lloviese demasiado, por la natural y diaria evaporación la muera iba mejorando y ganando en graduación salina lógicamente. Con la llegada del verano la muera ya era preparada para la pertinente evaporación. Para ello, con la ayuda de pequeños canalillos, el agua salada era conducida hasta las eras, que aquí nunca fueron muy numerosas, y que además tampoco solían tener chozón debajo de ellas a diferencia, por ejemplo, de Poza o Salinas de Añana. Previamente, por supuesto, había que arreglar bastantes eras que se habían quebrantado y agrietado con las bajas temperaturas y heladas invernales. A partir de este momento, y una vez introducida el agua salada en la era para su evaporación al sol, comenzaban las clásicas operaciones salineras de la revuelta, riego y recogida. La profundidad con que el agua cubría las eras raramente sobrepasaba los 4 cm.. Gracias al viento y sobre todo el sol, la muera empieza a formar en la superficie de las eras una especie de "telilla" que acabará rompiéndose en láminas; éstas por su peso se iban uniendo unas con otras, formándose granos cristalinos que se agolpaban en el suelo de la era. Al menos en dos ocasiones se hacía una "revuelta" que tenía como objeto obtener una cristalización uniforme de la sal. Esta acción se hacía con unos rodillos que con rápidos movimientos se pasaban por toda la era. Mientras la muera permanecía secándose en la plataforma de la era, para evitar un excesivo y demasiado rápido resecamiento de la sal, ésta se regaba, antes utilizando para ello unos cuencos provistos de mangos largos de madera. Finalmente, cuando todavía había en la era una pequeña porción de muera sin cuajar, se recogía ya la sal utilizando una especie de rodillos de madera. Esta operación se efectuaba casi siempre con una premeditada y establecida dirección: la sal era arrastrada desde los extremos hasta el centro de la era, donde se hacían los montones. Tal como ya con anterioridad se ha indicado, hoy en día el aspecto de las salinas de Herrera es de una casi irreparable y auténtica ruina. Es más que probable que éstas, como empresa de ciertos rendimientos económicos, hayan muerto definitivamente. Pero es evidente que la riqueza que allí subsiste, como testimonio irrepetible y fuente para el estudio tecnológico y cultural de una actividad, merece nuestro respeto, por lo menos, y algún tipo de acción conservadora. 7
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