Instituto Municipal de Historia

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Riadas y puentes sobre el río Ebro E-mail

Autor: RAMON OJEDA SAN MIGUEL. PUBLICADO EN "LA GACETA DEL NORTE" EL DIA 12 DE FEBRERO DE 1981

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RIADAS Y PUENTES SOBRE EL RIO EBRO Ramón Ojeda San Miguel PRIMERAS REFERENCIAS1 Con sus temidas crecidas el Ebro ha sido hasta hace pocos años el mayor y más temible azote de nuestra ciudad. Durante siglos la población mirandesa vivió siempre pendiente de una posible y repentina avenida de agua. Por otra parte ya es sabido la importancia que para la Monarquía castellana tenía el paso através del puente romano aquí ubicado. Por ello la Administración real fue siempre especialmente sensible a los desastres que el río producía sobre las casas y puente de la Villa. Gracias a los privilegios reales concedidos para el reparo del viejo puente mirandés, desde el siglo XV podemos conocer algunas interesantísimas referencias de aquellas grandes riadas y del aspecto del desaparecido puente2. Así en 1.420 el rey de Castilla daba licencia a la Villa para cargar una serie de impuestos indirectos sobre los comestibles, a fin de reunir recursos y utilizarlos en las obras del puente. Veamos el contenido del privilegio: "Don Juan, por la Gracia de Dios, Rey de Castilla.. a Vos el Concejo, Alcalde e regidores y escuderos, omes buenos de la villa de Miranda Rivera de Hebro, salud y gracia, sepades que esta vuestra petición que enviasteis con el bachiller Gómez Fernández, vuestro vecino, e a lo que me enviasteis decir en como en tres del mes de septiembre postrimero que agora pasó este año de la data de esta carta, que la agua del río Hebro que pasa por la so la puente que está en medio de ambos barrios de la dicha Villa, que fue tan gran avenida y cresció tanto que entró por encima de los muros de la dicha Villa y derribó muchas casas, e murieron ende ciertas personas e fincaron otros muchos lisiados, e que en el un barrio que está poblado ancia Alava que derribó dos pedazos del muro y derribó muchos cantos de las umbrías de un arco de la dicha puente, por lo cual declarades que dicho arco está en peligro para caer, e otrosí que la dicha agua que llevó muchas maderas de las casas que cayeron y cubas y tinas y otros muchos males e daños en panes e en viñas e en heredades, por lo cual desciades que si en tiempo no se remedia, que la dicha Villa se despoblaría, e por ende que me pediades por merced que proveyese en ello dandovos licencia para poner sisa e posición por cierto tiempo en el pan cocido y en la carne nuestra, y en el pescado y sebo y aceite y en las otras cosas de las Trabajo publicado el del Norte. 2 Tras las repetidas y siglo XVIII, la gran desaparecer al viejo 1 día 12 de febrero de 1.981 en La Gaceta especialmente virulentas avenidas del riada del año 1.775 acabó por hacer puente. 1 tenderías que se vendiesen por menudo en la dicha Villa y en sus aldeas, para facer e reparar los dichos muros y la dicha puente..."3. También los Reyes Católicos en el año 1.491 y ante parecidos motivos, concedieron un provisión real que daba facultad a la Villa para cobrar 2.000 maravedís en concepto de sisas sobre los mantenimientos y así poder arreglar el puente: "El río de la dicha Villa vino tan crescido que derribó un muro en el barrio de San Nicolás, que estaba hecho delante de la puerta, e un pedazo de muro (...) y que al barrio entró el río por las puertas de la dicha Villa e derribó otro pedazo de muro, de lo cual la puente de la dicha Villa diz que quedó endida, y que si viniese el invierno y quedase sin reparo estaría en mucho peligro"4. Todavía a principio del siglo XVII nuestro viejo puente seguía en pie, aunque eso sí con pruebas de pronunciada senectud. Bien nos lo deja ver el texto de la real provisión librada en Madrid el día 15 de julio de 1.609, por la que no se permitía entrar en el puente carros con más de una yugada:"Don Phelipe, por la Gracia de Díos (...) a Vos el Corregidor de la Villa de Miranda de Ebro, nuestro lugarteniente en dicho oficio, y a cada uno de Vos, Salud y Gracia, sepades que Baltasar Celada de la Justicia y Regimiento de esa dicha Villa, nos vino relación que por ser como es la puente de dicha Villa muy antigua, y una de las más pasajeras que había en el Reino, por pasar por ella todas las mercadurías de Vizcaya y Guipúzcoa, y las que iban de los Nuestros Reinos, y las que van y venían francos. La cual dicha p uente estaba quebrada y quebrantados arcos, y por estar como están socavadas por pasar por ella el río Ebro y por estar como estaba maltratada y a peligro de hundirse. Que (...) en Nuestro Consejo le diésemos licencia, facultad para que se reparase. Sobre lo cual estaban hechas diligencias y rematada la obra. Por lo que dicha puente pasaban muchos carros de dos y tres carros de bueyes con grandes cargas de hierro y lanas y otras mercadurías. Y por estar tan maltratadas hacían los dichos carros temblar la dicha puente. Para remedio de lo cual convenía que los dichos carros y carretas no pasasen por ella, los dichos carros y carretas tan cargados, sino que antes de entrar en ella los descargasen y pasasen las dichas mercadurías en dos o tres caminos. Para remedio de lo que nos pidió y suplicó mandásemos dar una carta y provisión para que cumpliese a los dichos carreteros a que no pasasen por la dicha puente con los dichos carros y carretas tan cargados, sino que los pasasen en dos o tres caminos, conforme a la carga que cada uno llevase (...) Visto por los de Nuestro Consejo e acordado que debíamos mandaros esta Mi carta para Vos en la dicha razón y Nos tuvimosla por bien. Por lo que Vos manda que agora y adelante ningún carretero ni otra persona alguna no pueda traer carreta con más de dos mulas por las puentes y calles de dicha Villa, ni pasar por ella, so pena que carretero y persona que pasare por las dichas puentes y calles con carros que lleven más de de las dos dichas mulas, por cada una incurra en pena de seis maravedís..."5. 3 A.H.M. Leg. PUENTE XIII,Privilegio dado en Valladolid de mayo de 1.420. 4 Ibídem, Burgos a 10 de octubre de 1.491. 5 Ibídem, provisión entregada en el año 1.609. el 23 2 LAS GRANDES RIADAS DE LOS AÑOS 1.711 Y 1.758 Y EL VIEJO PUENTE DE MIRANDA6 En muchas otras ocasiones se ha comentado ya que Miranda debe todo lo que es a su privilegiado emplazamiento junto al río Ebro, pero también es muy cierto que las mayores desgracias y calamidades llegaron para esta localidad de mano dicho río y de su situación geográfica. También es de sobra conocido que uno de los pocos pasos posibles que los viajeros, arrieros y carromateros pudieron utilizar durante los siglos del llamado Antiguo Régimen para pasar de la Meseta castellana a las Provincias Vascongadas era el viejo puente romano mirandés, todavía hoy símbolo de nuestra ciudad al figurar en el centro de su escudo. Este puente, aunque se desconoce la fecha exacta de su construcción, ciertamente ya en los siglos XIV y XV era considerado como antiquísimo y en buena parte por ello se encontraba en un estado de bastante deterioro. La prueba de esta situación la tenemos en los privilegios que el rey Enrique IV de Castilla otorgó a la entonces villa de Miranda, por los que autorizaba a cobrar cierta cantidad por cruzar el puente, y así con ese dinero poder reconstruir las partes más dañadas. Por todo esto no es extraño que una cualquiera de esas, todavía hoy frecuentes, riadas pudiese ocasionar serios desperfectos en las piedras del viejo puente. Estas fueron numerosas, repetidas hasta el punto en que llegaría una definitiva en el año 1.775, con la que desaparecería prácticamente todo el entramado del antiguo puente mirandés. Pero antes de la llegada de esta definitiva catástrofe, en el mismo siglo XVIII, y concretamente en los años de l.711 y 1.758, hubo de sufrir la vieja construcción los embates del enfurecido río. En la primera de estas ocasiones se produjeron los siguientes daños, tal como los peritos designados por el Concejo de la Villa señalaban con cruda precisión: "(...) que uno de los arcos del dicho puentes, que es el más principal el que coje la madre del río Ebro, se halla enteramente arruinado y caído con la mitad de la cepa en que estribaba a la parte de Castilla hasta la última piedra de su cimiento habiéndose originado de la falta de éste la ruina total de dicho arco y de ser muy antigua la obra de dicha cepa y arco a que ha habido la repentina creciente del dicho río que sobrevino cuando sucedió la dicha ruina que fue una de las mayores que han visto de muchos años a esta parte, y que la otra cepa de dicho arco ha quedado algo demolida y maltratada. Y asimismo las raíces de ambas habiendo faltado muchas piedras de ellas y hallándose otras removidas a la violencia de los golpes de las maderas y árboles que han bajado en las crecientes, según se deja de reconocer siendo tan necesario el reedificio y fábrica de dicho arco y demás reparos expresados que de no ejecutarse en este próximo verano, queden muy expuestos a padecer la misma ruina los arcos inmediatos de una y otra parte, sobreviniendo las avenidas y crecientes del invierno, por la desunión con que ha quedado dicho puente y lo demolido y maltratado de dichas cepas, y que el reparo que por mandado de Su Mrd. se ha ejecutado para que quede libre el paso a los fabricantes y trajineros está bien y según arte a entender de los que darán por componerse de maderas muy creadas que cogen toda la distancia del hueco del arco arruinado, afianzadas sobre sus cepas sin que permita otra 6 Trabajo publicado el día 3 de enero de 1.981 en La Gaceta del Norte. 3 mejor composición mientras se ejecutala obra principal, aunque también queda expuesto al mismo riesgo que va prevenido respecto de lo maltratado de dichas cepas..."7. Según las estimaciones del maestro arquitecto Manuel de Castañeda encargado de la reconstrucción, en aquel año de 1.711 un arco estaba totalmente arruinado: "Digo que una de las condiciones que contienen la postura y remate que se hizo de la dicha obra y reparo es que en la cepa de dicho arco arruinado que está en la parte de la provincia de Alava, se han de demoler las hiladas hasta la deja que tiene de donde ha de arrancar dicho arco demolido de su macizo, lo que fuere necesario para comenzar desde allí". A este respecto, y como curiosidad, hemos de decir que la Villa hubo de gastar 18.000 ducados en dejar transitable el puente. Mayor fue aún la riada del año 1.758. Con su llegada el maltratado monumento volvió a tambalearse; sumiendo una vez más a la población mirandesa en la incertidumbre de su mantenimiento : "Don Fernanado de Montoya, vecino y procurador General Síndico de esta villa de Miranda de Ebro, por mi propio y como tal y el de su Concejo y vecinos, digo que la noche de el día veinte y cuatro de el corriente sobrevino tan gran crecida de el río Hebro que no se ha visto ni hay memoria haya acaecido otra. Todo de forma que salió la agua de su madre, y se igualó con las Eras de San Juan y sus huertas a la Plaza del Mercado, piso de la Calle de los Hornos, subió a el emboque de el puente a la Calle de los Judíos, salió hasta la Plaza de el Rey, copó todos los pretiles de el Valle y rodeó el barrio de Aliende, y casi se juntaron dicho río Hebro con el Bayas, cubriendo todos los sembrados y tierras haciendo en ellas crecidos daños, y por consiguiente en las casas de dicha Calle de los Hornos, la de los Judíos y Tenerías, inundándose sus corrales, huertas y patines de agua, y lo que es mas, haber demolido de las murallas y fuertes de dicha casas las paredes maestras al frente de la agua, quitando de los arcos matrices de el puente mayor muchas piedras, descarnando otras de sus uniones y macizos, causados todos estos daños por dicha avenida y crecida, y haber bajado crecidas maderas y chopos y árboles arrancados de sus sitios que tropezando y haciendo vileza en dicho puente y narices al recibirlos, causaron los expresados daños. Y esto se acredita además de ser público y notorio ser cosa en contrario de haberle arruinado a todamente un crecido árbol con sus raíces en la nariz sobre que está fundada la caseta del resguardo porque se hace preciso acudir a los reparos de que prontamente necesitan dicho puente, sus arcos, paredes y manguardias, y evitarse de los superiores daños a que están expuestos si continúan dichas crecidas, aunque sean como la expuesta"8. Los maestros canteros Marcos de Espajo, Felipe de Gallarza y Valentín de Ribas daban también cuenta de que el puente Mayor tenía de extremo a extremo 123 varas, y que el agua había subido hasta 18 píes, saliéndose de "su madre" o lecho hasta 167'5 varas en la orilla próxima a la provincia de Alava. En los reparos y construcción de cuatro manguardias protectoras esta vez fueron empleados 33.000 reales de vellón. A.H.M.-Expediente del Puente correspondiente al año 1.712, declaración realizada por los peritos el 4 de abril de 1.711, papeles sueltos. 8 Ibídem, "Reconocimiento de los daños causados en el puente de esta Villa, sus narices, arcos y manguardias, que causó la crecida del río Hebro del día y noche del veinte y cuatro de diciembre de este año de 1. 758". 4 7 EL PUENTE CE CARLOS III: UNA OBRA CENTENARIA9 A mediados del siglo XVIII Miranda de Ebro apenas contaba con 350 vecinos. Este sin duda era el resultado de los malos tiempos de la centuria anterior. Parece claro que en otros tiempos su población había llegado a ser más numerosa y también mucho más floreciente desde el punto de vista económico. La riqueza fundamental de la Villa era sin lugar a dudas la agricultura, y como en otros muchos, lugares casi todos los vecinos tenían como profesión la de labrador o jornalero rural. A este respecto oigamos por su significación la descripción que en el año 1.775 hace su Villa el Concejo municipal: "Es un pueblo de los más distinguidos de la Provincia Burgos (cuya capital dista catorce leguas), no sólo por los honores que ha merecido de los monarcas desde la Antigüedad en remuneración de los servicios de sus naturales, haciéndola quantas perrogativas contiene la representación, de tres mercados cada semana y dos ferias de bastante concurso en mercaderías y ganados, sino también porque su situación toda pertenece a Su Majestad (q, D. g.), lo está en una dilatada llanura, por la que corriendo precipitado el río Ebro a mucha profundidad, y por lo alto otro llamado Oroncillo que la riega, es célebre para la producción de granos, viñas y otros productos y frutos, y la más oportuna y proporcionada para los pasos carreados y rectos de las Personas Reales, Grandes y Embajadores, tránsito de viandantes, carruajes, caballerías, correos y postas, comunicación desde el todo de estas dominaciones, con las de Francia, otras de Europa, provincia de Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra...". La villa de Miranda vivía en aquella época en buena parte gracias a su privilegiado emplazamiento geográfico. Era lugar obligado para el paso de Castilla a las Provincias Exentas, ya que por mitad de la población cruzaba uno de los mejores y más cuidados caminos reales. Hablamos naturalmente de la ruta que iba desde la Corte a la frontera con el reino de Francia. Toda esta situación que hemos descrito se vio trastocada con la rigurosa e inesperada avenida de aguas del río Ebro, ocurrida en el mes de junio del año 1.775, y que no cesó entre los días 19 y 21. Las consecuencias de esta enorme riada fueron desoladoras: arruinó parte de las manguardias del puente, la cárcel y carnicería sitas sobre el mismo, la casa Ayuntamiento colocada junto al Ebro, en el lugar que hoy ocupa la calle Federico Keller, y además se llevó numerosas casas y muebles del Vecindario. El agua no solamente causó pérdidas irreparables en edificios públicos y casa de la Villa sino que dejó arruinadas las cosechas, llenándose también los campos de cascojos y arena. Volvamos a oir la exposición de los hechos enviada al Consejo de Castilla por el Ayuntamiento mirandés: "Se perdió, la desgracia que ocasionó la inundación de aguas tan considerables experimentada desde el día diez y nueve hasta el veinte y uno de junio último que aún habiendo sido la del año de mil setecientos diez (de que hay memoria tan espantosa) ha causado ésta mucho más estrago con su fortaleza y medra la memoria de aquella, el lastimoso efecto de la que acaba de producirse, de suerte que combatida de la población por uno y otro extremo de la corriente monstrua del Ebro, llegó al punto de mayor riesgo todo este continente, y sus habitadores, se arruinó con la rapidez y raudal de las corrientes el Puente, parte de las manguardias que le servían de resguardo y a la más numerosa de la Villa, dejando desplomado el resto de éstas. También se arruinó la torre cárcel y carnicería que estaban sobre aquel. Tomaron tanto incremento las aguas que con más de diez varas de altura y como media legua de ancho por partes, entrando de lleno por las calles y campos, cubriendo el pavimento de los templos, casa y edificios, arruinando muchos, dejando otros sin poderse usar, y otras muchas penetradas de la humedad sus cimientos que existen 9 Trabajo publicado el día 6 de noviembre de 1.980 en La Gaceta del Norte. 5 apeados, cuyo reparo o se ha de hacer a mucha costa o no puede vivirse en ellas sin conocido peligro..."10. La población estuvo durante días presa por el pánico, llegando incluso a refugiarse en las alturas del castillo y en el monasterio de San Francisco, fuera ya del recinto amurallado de la Villa. Los mirandeses no sólo veían arruinadas sus casas; lo peor fue que tras perderse la cosecha y destruido el puente, quedaban con ello privados de sus mercados semanales y ferias anuales para unos cuantos años, puesto que hasta entonces fue gracias a su puente como pudieron ponerse en contacto con las Provincias Vascongadas y las zonas castellanas próximas en sus tratos comerciales. Además las comunicaciones hacia Francia, básicas para la Corte madrileña de los Borbones, quedaban cortadas. Y como decían los mirandeses en aquellos años el tránsito se tendría que desviar por los también maltrechos puentes de Santa Gadea y Haro. El Concejo municipal dejaba de recibir la importante ayuda que para sus arcas suponía el cobro del portazgo por el paso por el puente. El camino real por Miranda había sido hasta entonces sin duda el más rápido y seguro, tal como se demostró más tarde por los numerosos robos sufridos por los viajeros que para cruzar el Ebro se desviaban por Haro. Inmediatamente después de la catástrofe, el 23 de junio, con el beneplácito del Padre Guardián del Convento de San Francisco, el Cabildo municipal se reunió allí para tratar de solucionar los problemas más apremiantes, ya que el Ayuntamiento también se había arruinado casi enteramente. Los regidores se pusieron rápidamente a confeccionar todos los trámites necesarios para volver a levantar el puente y restablecer la normalidad en la vida del vecindario. La documentación hace constar cómo se reunieron el máximo número posible de regidores, ya que muchos no pudieron hacerlo por estar trabajando en el arreglo de sus respectivas casas y haciendas. Se nombró a los señores don Joaquín de Abadía, Francisco Manuel Llorente, don Bartolomé de Larragán y don Angel de Urruchi, para que se encargaran de gestionar todo lo necesario para la pronta reconstrucción de los edificios perdidos. Don Angel de Urruchi fue enviado a Madrid como comisionado a fin de acelerar los trámites cuanto fuese posible. Este se presentó ante el Consejo de Castilla, pidiendo el perdón de los tributos reales que correspondían a la Villa, alegando el poco trato y comercio que habían quedado, y a la vez instó a las altas esferas del gobierno para que lo más prontamente posible comenzasen las obras de reparación del puente. para esto alegó también que de otra manera, y dada la desaparición de buena parte de las manguardias protectoras del lecho del río, si éstas no se reparaban antes del invierno cercano, la Villa podía volver a quedar destruída por una nueva subida del caudal aunque ésta fuese de pequeño calibre. De todas formas, tal como ya antes hemos apuntado, pese a la extraordinaria acción de las aguas, parece que el viejo puente desde bastantes años antes no se encontraba ya en muy buen estado. Así lo indica, por ejemplo, la relación hecha en el año 1.752 por orden del marqués de La Ensenada: "diciendo que en esa villa había una puente sobre el río Ebro la cual causa de ser muy antigua y estar muy quebrantada a causa de las grandes avenidas del dicho río, tiene necesidad de ser reparado y hacer ciertos estribos y arcos en ella, que costarían mucho y si con el tiempo no se reparase vendría a perderse y no se podría remediar". El Puente Viejo de Miranda tenía siete arcos; de ellos se perdieron todos menos dos: uno en el medio y el otro colocado justo en el arranque de la orilla de Aquende, y que a la vez sostenía parte del edificio del Ayuntamiento. Estos dos arcos también quedaban inservibles al estar totalmente fragmentados, como bien lo indica la declaración del arquitecto 10 A.H.M., Papeles sueltos, "Expediente sobre la construcción del Puente de Miranda". 6 encargado de las obras: " Se resuelve el declarante a manifestar deberse demoler la enunciada casa capitular, su arco y cepa con lo demás que se ha dicho, y plantear el puente según va señalado en el número 7, y ensanchar la madre del río como lo demuestra la manguardia número 8. Para lo cual se hace forzoso el demoler las casas que van anotadas y extinguir aquellos sitios de que todos ellos han padecido muchísimas quieras, y uno de ellos amenazado de ruina...". Una vez aprobadas las obras y su presupuesto en Madrid, se encargó de llevarlas a término al arquitecto y vecino de Logroño Francisco Alejo de Aranguren, cuando solamente tenía todavía 36 años de edad. Este técnico, a su vez, propuso como ayudante al también arquitecto Pedro del Mazo natural del Valle de Meruelo y Junta de las siete villas y obispado de Santander. Se calculó que las obras iban atener una duración de alrededor de dos años, algo que luego no se pudo conseguir. En el intermedio de las necesarias obras del puente nuevo los dos barrios de Miranda se tuvieron que comunicar por medio de un servicio de barcazas; pero tal procedimiento tenía el inconveniente de que cesaba en los días intempestivos del invierno. El problema de comunicación llegó hasta un punto tal que prácticamente los dos barrios vivieron como dos pueblos separados. Prueba de lo que acabamos de comentar la tenemos en el hecho de la existencia durante estos años se dos tabernas, una para cada barrio de Aquende y Allende. La facultad de vender vino había sido siempre monopolio del Ayuntamiento, pero ahora con la desaparición del puente viejo, fue necesario crear una taberna para cada barrio para que el Vecindario estuviese bien abastecido. Los arquitectos pensaban poder acabar las obras para el mes de octubre de 1.777, pero, como luego veremos, esto no fue posible hasta el año .780. Según los planos de Aranguren sobre el nuevo puente, éste era trasladado en su emplazamiento con respecto al anterior y construido un poco más arriba, para que de esa forma se evitase mejor el choque de las aguas contra las cepas. Los materiales utilizados en el nuevo puente mirandés básicamente fueron sacados de las cercanías. Por ello en un principio el arquitecto pensó que esas obras se podían hacer de una forma relativamente acelerada. Las piedras se sacaron de las canteras locales " de Rosales y Portillo", una a un cuarto de legua y la otra a una distancia de media. Y la cal, de las caleras situadas en las cercanías del monte comunal, en las proximidades de San Juan del Monte. Una vez metido el Ayuntamiento en obras generales, pidió también permiso para arreglar el camino de salida hacia Orón a fin de ensancharlo algo más, puesto que hasta entonces por la entrada de la Villa no cabían los carros de mediano tamaño, además de que en el mismo lugar se solían sufrir los inconvenientes del agua del Cauce, que al pasar, una vez caída desde la Picota, por encima del pavimento, causaba los consiguientes engorros y suciedades en el camino. Para evitar todo esto se planeó la ejecución de las alcantarillas, de modo que el agua pasara por debajo del citado camino. Finalmente la torre de San Joseph a la entrada de Orón, por estar ya muy deteriorada, se intentó además arreglar de forma que tuviese 20 pies de ancho y un arco de 8 de diámetro. De todas estas obras se encargó de nuevo el maestro Aranguren. El presupuesto de las obras generales resultaba muy voluminoso, pues además de todo lo expuesto, dado que el nuevo puente debía sufrir una pequeña traslación, algunas casas y solares de distintos vecinos tenían que ser confiscados. El cálculo de los costes totales fue el siguiente: 48.850 reales del reparo y fabricación de manguardias, 10.000 por la abertura de la puerta de San Joseph, puente y cauce del camino de Orón, 28.50 por la Casa Capitular, 18.400 por la casa de mayorazgo de don Mateo Angulo, 7.500 por la casa de Valeriano Alonso,700 por la casa del Cabildo de San Nicolás, 1.000 por el sitio del Marqués de 7 Monasterio, 700 por el don Ventura Ocio, 3.200 por el de don Joseph de Jalón y 966.500reales por las obras en sí del puente. Además se tuvieron que agregar al conjunto del total y final de gastos, los importes que supusieron los derribos de las ruinas que quedaron y de las casas que habían de retirarse al construir el nuevo trazado del puente. Así, en la casa de don Mateo de Angulo se gastaron 6.200 reales, en la de Valeriano Alonso 2.505, en el derribo de los restos del viejo puente 19.100, en el Ayuntamiento arruinado 7.275 y en la cárcel 80 reales. Surgieron algunos problemas, como por ejemplo el que presentó Mateo de Angulo al alegar los innumerables perjuicios que ocasionaba la obra proyectada, pues siendo su casa la principal del mayorazgo de Los Cantos, le parecía poca cantidad en que había sido tasada. El Concejo municipal, para evitar problemas, en la sesión del 10 de mayo de 1.778 cedió al efecto gratuitamente un terreno concejil en el que poder construir su nueva casa, justo a la salida del arco de la Fuente. Una vez proyectadas las obras y calculado el presupuesto de los gastos, venía lo más difícil de conseguir: su financiación. En primer lugar, y debido a que la población corría el peligro de volver a ser arrasada por las aguas a la llegada del invierno, pues como antes hemos dicho, las manguardias que protegían el cauce estaban destrozadas, era necesario construir con urgencia aquellas defensas del cauce. Para ello, y sabida la lentitud burocrática en las altas esferas a la horade establecer repartimientos con que sufragar las obras civiles, el Concejo mirandés, por mediación de su enviado en la Corte don Angel Urruchi, incoó una instancia al Real y Supremo Consejo de Castilla, en el que pedía permiso para poder tomar a censo (préstamo) contra sus Propios y arbitrios de 48.850 reales con el que construir rápidamente las manguardias. El 27 de octubre de 1.775 el Consejo de Castilla concedía el permiso, librando para ello una real provisión. Una vez concedido oficialmente todo esto faltaba encontrar la persona o comunidad que quisiese realizar el préstamo necesario. A principios del año 1.776 el censo se hizo a favor de don Agustín Gil Delgado (familia hoy en día conocida como los Condes de Berberana) vecino de la Villa y capitán de batallones de la Real Armada. Don Agustín prestó los 48.850 reales, mientras que el Concejo municipal se comprometía a devolver la cantidad acordada el 27 de marzo de 1.777, con unos réditos del dos por ciento. En cuanto a la financiación de las restantes obras, como era costumbre, se hizo a costa de los correspondientes repartimientos entre los pueblos que estuviesen en un radio de cuarenta leguas, y tal como lo indica la real facultad concedida para ello en el mes de marzo de 1.776: "Por lo cual concedemos nuestro Real permiso y facultad para que se haga repartimiento de un millón y ocho mil reales en que se han tasado las referidas obras, y reparos del puente de piedra de esa villa de Miranda de Ebro, con sus manguardias, abertura de la puerta de San Joseph, fábrica de un puentecillo y compostura del camino, que todo se expresa en la declaración inserta de don Francisco Alejo de Aranguren, como también las casas y sitios que se incluyen en ellos, entre los pueblos de cuarenta leguas en contorno, sin exceptuar por ahora a ninguno de los pueblos y merindades aunque están exentos de la contribución de puentes, en la forma que propusisteis en vuestro informe de treinta de septiembre del año próximo pasado; con tal que los cupos respectivos se paguen del sobrante de los caudales públicos en los pueblos donde lo hubiera, y hasta la cantidad que alzanzare, y en los que no haya sobrante por repartimiento". Entre los pueblos, corregimientos y ciudades que contribuyeron a los gastos del nuevo puente de Carlos III, podemos destacar a Burgos, Palencia, Valladolid, Soria, Logroño, Santo Domingo, Reinosa y Aranda de Duero. Las obras se hicieron con relativa rapidez, aprovechando en muchas ocasiones las mismas piedras de los edificios desmontados. Los trabajos eran vigilados de vez en cuando por algún arquitecto nombrado al efecto por las autoridades superiores; así el 16 de septiembre de 1.776 el maestro arquitecto de puentes y caminos de la provincia de Alava don Francisco de 8 Echanove, vecino de la anteiglesia de Mañaria, fue encargado de revisar las obras y ver si se ajustan al plan presentado por el maestro titular Aranguren. En este caso todo resultó del agrado y complacencia del Señor Echanove. Por fin, para el verano de 1.780 el puente ya estaba totalmente acabado y listo para su utilización. La Corona mandó el 2 de junio del mismo año al maestro arquitecto don Joseph Antonio Otero, que reconocerá el final de las obras, y con ello permitía abrir oficialmente el puente a la circulación. En el informe redactado por este último técnico se citan las medidas del nuevo puente: 427 píes en línea, 27 de ancho y 38 de alto, "en cinco espacios se encuentran colocados sus arcos, con cinco pilas y dos medias cepas de planta" . Las palabras finales de Otero decían así: "Del mismo modo a la salida a la parte de Aliende se hallan otros dos iguales pedestales y encima sus leones abrazados, el uno con las armas del Rey y el otro con las de la Villa, de modo que se halla este lucidísimo puente con toda seguridad y hermosura". LAS RIADAS EN EL SIGLO XIX11 La gran riada de 1.775 acabó con el viejo puente. Se construyó uno nuevo y grandes manguardias en el cauce del río para proteger a la Población. Pero no por ello se vio Miranda libre del peligro de las inundaciones. De cuando en cuando, durante todo el siglo XIX el Ebro siguió azotando y castigando a nuestra Villa. Las dos últimas referencias que en el archivo municipal se puedan encontrar sobre riadas corresponden a las ocurridas en los años 1.871 y 1.874. En la sesión municipal del día 21 de diciembre de 1.874 se daba cuenta de que "en presencia del largo temporal de aguas, y de la mucha nieve que existe, es de temer un desbordamiento del rio Ebro, y por consiguiente una inundación; y como ésta pudiera causar desgracias, se acordó que el Ayuntamiento se constituya en sesión en sesión permanente con todos sus empleados donde su presencia sea necesaria, a fin de prodigar auxilios a todos los que se viesen en peligro, y para adoptar las providencias que las circunstancias aconsejen". El Ayuntamiento no se confundió, y el río volvió a causar los estragos de siempre: "El Ayuntamiento, que ha desplegado con infatigable celo para cortar desgracias personales del día 20 al 22 del actual (...) que no fue tan grande como la ocurrida en grande como la ocurrida en 11 de enero de mil ochocientos y setenta y uno, aunque las aguas llegaran a media de la plaza de la Constitución (actual plaza de España) , si bien en la del año actual se quitaron las proporciones con impedir que las aguas del Oroncillo entraran dentro de la población"12. Los mayores peligros tenían lugar durante los meses invernales, especialmente con los rápidos deshielos. Las inundaciones dejaban, tras su desaparición, a las calles y plazas de la Villa en una lamentable situación. Así, por ejemplo, tras la riada de 1.874, la calle de las Tenerías quedó llena de arena y escombros, totalmente inutilizable13. Gracias a los embales construidos sobre el Ebro hoy en día el vecindario mirandés vive algo más tranquilo y menos temeroso, aunque nunca la Población verá desaparecer del todo la sombra que sobre ella proyectan las aguas del formidable río, pero al también todo se lo debe Miranda. Trabajo publicado el día 12 de febrero de 1.981 en La Gaceta del Norte. 12 A.H.M., Papeles sueltos, sesión celebrada el 28 de diciembre de 1.874. 13 Ibídem, sesión celebrada el 11 de enero de 1.875. 9 11 10