Biografía de Don Ramiro Dulanto M.ª ANTONIA SÁNCHEZ MARTÍNEZ La vida de una urbe se mide por sus habitantes. Una ciudad que cuenta con unos ciudadanos vitalistas y con ganas de hacer, siempre estará en la brecha y a la cabeza de cualquier tipo de evento. Sin embargo, cuando una ciudad no tiene luz y es sombría y apagada podemos decir, sin lugar a dudas, que sus habitantes son retraídos, conformistas y nada emprendedores. Por todo ello es también muy importante no olvidad a aquellos que la han ido forjando. A las personas que han trabajado dentro de ella para que fuese creciendo no sólo en tamaño sino también en otras cosas como cultura, salud, bienestar,… Personas que, a medida que pasa el tiempo, se van diluyendo en el recuerdo y de las que muchas veces sólo nos llega su nombre asociado a una profesión o a una obra. Es por ello muy interesante indagar en el pasado reciente de algunas personas y dejar plasmados sus datos biográficos y algunas anécdotas que les sucedieron, antes de que su recuerdo quede reducido a un nombre en una placa de una calle o a una reseña dentro de algún artículo escrito. Ramiro Ricardo Clemente Domingo Dulanto Arce nació el día 16 de Julio de 1884, festividad de la virgen del Carmen, en la calle de Los Hornos, nº 18 de Miranda de Ebro. Sus padres se llamaban Cipriano Dulanto Guinea y Erolida Arce Garita. Tuvo una hermana, María Altamira, que murió joven. Hizo sus primeros estudios en la Escuela de Porres y el bachillerato en el colegio de los Sagrados Corazones, quienes habían llegado a Miranda en 1880. Con trece años comunicó a sus padres que no quería seguir estudiando y que esa misma semana empezaría a trabajar en la herrería de Fermín Eguíluz. La experiencia no debió ser de su agrado porque la semana justa reanudó sus estudios. Los estudios superiores los realizó en Salamanca. Acabó la carrera de medicina en 907 cuando contaba con 23 años. Mientras estuvo en Salamanca perteneció a la Tuna donde tocaba la guitarra y era conocido con el sobrenombre de <> posiblemente por el acento de su habla o la fuerza de su voz. Cuando acabó la carrera su padre fue a recibirle a la estación de tren y allí se encontró con su amigo, D. Saturio Guinea. Después de saludarse y darle la enhorabuena por haber finalizado sus estudios, el Dr. Guinea le preguntó <<¿qué tengo aquí?>>, señalando un punto en la cara, a lo que el recién licenciado respondió -<>; y el Sr. Guinea contestó <>. Y así fue cómo este joven médico recibió su primer salario nada más poner el pie en su ciudad. Su primer puesto de trabajo lo tuvo en Fondea donde trabajó durante unos doce años. Estuvo bastante tiempo enfermo de fiebres tifoideas y aprovechó este retiro para preparar las oposiciones a Médico Forense. Cuando aprobó estas oposiciones tuvo plaza en Vergara; sin embargo, permutó la plaza con su padre, de manera que su padre marchó a Vergara hasta su jubilación y él se vino a Miranda a ejercer su profesión a partir de 1920. También fue médico de la beneficencia en el Hospital de Santiago donde funcionaba una especie de asilo para la gente que estaba sola y necesitada. Muchas son las anécdotas relacionadas con los servicios prestados en los pueblos cercanos a nuestra ciudad. Una de ellas fue la sucedida en Suzana. A pesar de ser un extraordinario jinete, el progreso impuso la sustitución del querido caballo por el veloz coche. Tanto es así que al llegar a Suzana para un servicio, dejó el coche encarado hacia la fuente que se hallaba al final de una cuesta algo empinada. Los chiquillos con ganas de curiosear se subieron al coche y empezaron a tocarlo todo, incluido el freno, lo que provocó que el coche empezara a correr cuesta abajo y cayera a la fuente quedando bastante malparado. Menos mal que los niños ante el susto habían saltado del coche y no ocurrió ninguna desgracia personal. Señalar de su vida personal que se casó con D.ª Cecilia Unceta García de Albéniz (nacida en Santo Domingo de la Calzada) el 27 de Abril de 1908. Tuvieron nueve hijos: cinco chicas y cuatro chicos, de ellos dos médicos. Entre sus aficiones se encontraba el deporte de la pelota y, sobre todo, andar, pasear por la ciudad y sus alrededores saludando a los paisanos y viendo los cambios que en la ciudad se iban produciendo. También le gustaba el flamenco y leer. Era un gran lector, siempre tenía un libro entre las manos. Posiblemente derivado de ello también era un buen escritor. Se requirieron sus servicios para el acto de <> e 1963, donde glosó la figura de deportista y del deporte en general. Así mismo, escribió artículos en la revista <> que publicaban los Sagrados Corazones, así como en la revista <>. Entre sus peculiaridades, señaladas por D. Juan Arranz en su libro <> se citan <>; cualidades todas ellas que definen a un buen conversador. Mantenía largas charlas con su profesor y amigo el padre Fernando Valle a quien visitaba todas las tardes en el colegio de los SS. CC. Su espíritu inquieto le llevó a estar presente en distintas asociaciones. Así, fue presidente de la Cofradía de Nuestra Señora de Altamira; presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de los SS. CC. y directivo del Club Deportivo Mirandés durante los años que se inició la construcción del nuevo campo de fútbol. En reconocimiento a su trabajo y a los servicios prestados, el Ayuntamiento, a propuesta de la villa de Orón, solicitó le fuera concedida la Medalla al Mérito en el Trabajo. Cuando el Gobernador de Burgos le impuso la condecoración él dijo que <>. D. Ramiro Dulanto falleció el 11 de Diciembre de 1968, un mes después del fallecimiento de su esposa, a los 84 años de edad. D.Ramiro Dulanto D.Ramiro Dulanto y el Padre Fernando Valle en 1966 Bodas de Oro de D.Ramiro Dulanto y Dña. Cecilia Unceta 27-04-1958